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domingo, 31 de enero de 2010

Las bondades del ritmo


La música es el camino más corto entre dos personas, una forma de tocarse espiritualmente, pero también la mejor vacuna contra la soberbia, la opresión y la intolerancia. “No se trata de curarse cantando o bailando, pero sí de mejorar la calidad de vida”, aseguró Matea Muñoz, de 64 años, quien cada mañana se despierta y enciende el radio para empezar un buen día.

Desde que le diagnosticaron alzheimer, hace un año, doña Matea quiere mantener su buen humor y salud. Su médico le recomendó hacer más actividades que la estimularan y así alejar la depresión. Ella considera que poner los discos de sus cantantes favoritos y recordar los pasos de baile que aprendió con sus padres influyen en su bienestar.

El neurólogo Walter Oder manifiesta que los pacientes con traumatismos de cráneo y cerebrales a menudo sufren espasmos dolorosos y se hallan bajo un estrés enorme, sufrimiento que se puede paliar mediante música.

Según Claudia Zeledón, maestra de bailoterapia, la música consigue la relajación de los músculos. Permite a las personas llegar a un balance, divertirse y mantener en forma el cuerpo.

Aittor Loroño, miembro de la Federación Mundial de Musicoterapia, explica que este tipo de tratamientos son “una actividad complementaria, que no sustituye a ninguna otra terapia o medicación”, pero puede aportar grandes beneficios para muchos pacientes, especialmente a aquellos que tienen dificultades para expresarse y comunicarse con su entorno.

Niños autistas, esquizofrénicos, pacientes con discapacidades físicas o mentales o con parálisis cerebral o ancianos son algunos de los colectivos que más pueden beneficiarse de esta “terapia viva”.

“Es una excusa para combatir la quietud y dejar de lado ciertos problemas emocionales. Bailar es conocerse a uno mismo y a otros, es proteger su salud y prevenir la enfermedad, teniendo en cuenta los beneficios físicos que provee”, agrega.

Pero ¿cómo actúan los sonidos sobre nuestro organismo? Loroño habla de tres niveles.

A través del ritmo, explica, se actúa sobre los ritmos de nuestro propio organismo, el cardiaco, el pulmonar, el muscular... mientras que las melodías se dirigen directamente a las emociones, sugiriendo imágenes y sentimientos que repercuten en la interacción del sujeto con su entorno.

El tercero de los niveles, el armónico, “hace comprender, integra el consciente y el subconsciente, llegando en algunas ocasiones al nivel espiritual”.

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