
La música es el camino más corto entre dos personas, una forma de tocarse espiritualmente, pero también la mejor vacuna contra la soberbia, la opresión y la intolerancia. “No se trata de curarse cantando o bailando, pero sí de mejorar la calidad de vida”, aseguró Matea Muñoz, de 64 años, quien cada mañana se despierta y enciende el radio para empezar un buen día.
Desde que le diagnosticaron alzheimer, hace un año, doña Matea quiere mantener su buen humor y salud. Su médico le recomendó hacer más actividades que la estimularan y así alejar la depresión. Ella considera que poner los discos de sus cantantes favoritos y recordar los pasos de baile que aprendió con sus padres influyen en su bienestar.
El neurólogo Walter Oder manifiesta que los pacientes con traumatismos de cráneo y cerebrales a menudo sufren espasmos dolorosos y se hallan bajo un estrés enorme, sufrimiento que se puede paliar mediante música.
Según Claudia Zeledón, maestra de bailoterapia, la música consigue la relajación de los músculos. Permite a las personas llegar a un balance, divertirse y mantener en forma el cuerpo.
Aittor Loroño, miembro de la Federación Mundial de Musicoterapia, explica que este tipo de tratamientos son “una actividad complementaria, que no sustituye a ninguna otra terapia o medicación”, pero puede aportar grandes beneficios para muchos pacientes, especialmente a aquellos que tienen dificultades para expresarse y comunicarse con su entorno.
Niños autistas, esquizofrénicos, pacientes con discapacidades físicas o mentales o con parálisis cerebral o ancianos son algunos de los colectivos que más pueden beneficiarse de esta “terapia viva”.
“Es una excusa para combatir la quietud y dejar de lado ciertos problemas emocionales. Bailar es conocerse a uno mismo y a otros, es proteger su salud y prevenir la enfermedad, teniendo en cuenta los beneficios físicos que provee”, agrega.
Pero ¿cómo actúan los sonidos sobre nuestro organismo? Loroño habla de tres niveles.
A través del ritmo, explica, se actúa sobre los ritmos de nuestro propio organismo, el cardiaco, el pulmonar, el muscular... mientras que las melodías se dirigen directamente a las emociones, sugiriendo imágenes y sentimientos que repercuten en la interacción del sujeto con su entorno.
El tercero de los niveles, el armónico, “hace comprender, integra el consciente y el subconsciente, llegando en algunas ocasiones al nivel espiritual”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario